la huída
Se dice en el Tanque que existe un túnel bajo un cerro, el cual atraviesa de Portuera a Ciudad del Carmen. Algunos creen que fue la ruta de un antiguo sistema de transporte; otros gracias a la Leyenda de Lázaro, lo conocen como una supuesta mina. Pero éstas son sólo habladurías; ya que nadie en su sano juicio, se atrevería a cruzarlo.
Hace unos cuantos días, vinieron ingenieros dizque a la obra de la autopista; estuvieron viendo como minar tanto cerro, averiguaron que el trayecto del túnel por fuera es de aproximadamente un día, pero no pudieron entrar porque se inunda la entrada en esta época. Suerte de ingenuos, que el túnel los rechazara, porque ellos no saben que quienes se han aventurado nunca han regresado.
En eso quedó el trabajo de estos hombres, porque al parecer no van a regresar. Según el informe, este lugar es zona no apropiada, eso ni quien lo niegue. Aunque corren rumores de que esa decisión se debe a alguien.
De ese alguien es de quien busco hablar, porque irónicamente el cerro que defendió se le vino encima. Al parecer se lo tragó la oscuridad del túnel; después de verse obligado a tomar refugio en ese agujero. Los vecinos dijeron que la banda de los de arriba lo persiguieron por cuadras y más cuadras, pero nadie sabe de cierto, si en verdad se ocultó en tal hoyo.
A la mañana siguiente del suceso, no se le encontraba por ninguna parte y se empezaron a hacer especulaciones e ideas vagas del destino de este hombre. Mientras tanto, la Señora Cata, quien dice ser la madre de aquel hombre, aprovechando el momento, se dispuso a pedir limosna con el pretexto de ser una mujer desamparada en busca de su único hijo.
Los amigos del desaparecido, fueron en busca de los de arriba, para aclarar el asunto; estos gandallas dijeron que no sabían nada. Por otro lado, los vecinos que habían asegurado verlos persiguiendo al tipo, de repente negaron haberlo dicho.
En realidad, la búsqueda no se debía al apego entre cuates, sino al hecho de que les debía una buena lana. Por esto, todos los que tenían cuentas pendientes con aquel hombre, se organizaron, porque ya tenían la idea de que el muy aprovechado andaba huyendo por alguna mala racha.
Pasaron un par de días y el asunto no se aclaraba; los fiadores del desaparecido, ya habían entrado a la casa de la señora Cata a buscarlo, y habían amenazado de muerte a quienes se atrevieran a esconderlo. Pero nada en absoluto pasaba. Como quien dice: sí se lo había tragado la tierra.
Se corrían diversos chismes. Uno se basaba en que los de arriba lo destajaron cuando salió del túnel, el otro decía que como andaba inundada la entrada posiblemente se ahogó. Los más sensatos aseguran que ahora vive en Ciudad del Carmen, después de su jornada a través de la profundidad del túnel.
Los buscadores, como ahora se les llamaba a los fiadores del tipo, empezaron a atemorizar a la gente; si se te comprobaba alguna relación con el deudor, se metían en tu casa y escarbaban hasta destrozarla.
Conforme pasaban los días, la situación se agravó, el Tanque pasó de ser un basurero casi incomunicado, a un lugar sitiado por bandas de pirañas; por un lado estaban los buscadores, y por otro los de arriba.
El conflicto inicial se les fue de las manos, ya nadie se acordaba del hombre que entró en el túnel, y mucho menos de sus deudas. Los jefes de las bandas, mandaron a sus compinches a tomar lista a los que vivían en sus respectivas cuadras, esto con la intención de saber quienes los apoyaban.
Los buscadores ya no irrumpían en las casas, pero a cambio exigían una cuota de protección, la cual te permitía el libre tránsito por determinadas cuadras. En tanto, los de arriba se dedicaban a saquear tanto a desconocidos como a conocidos; con la excusa de que con ello garantizaban la seguridad de su zona.
A dos semanas de lo acontecido; el mercado, el cual provocaba congestionamiento, dejó en su lugar una calle empinada que al parecer no es tan angosta. Por si esto no fuera poco; las pipas de agua, los camiones del gas y de la basura, ya no entrarían más a nuestras calles.
Ahora el Tanque tiene el potencial de convertirse en un lugar abandonado; es más, la gente ya se las está ingeniando para irse. Finalmente, sólo hay de dos: o te vas a Loma Linda, donde igual y no encuentres oportunidades; o a Ciudad del Carmen, atravesando el misterioso túnel.
La señora Cata, con la insignia de libertadora, profeta, o yo no sé que diablos; salió está mañana, guiando a las masas a través del túnel. Para mi, esa viejita se volvió más loca que una cabra, pero lo absurdo es que convenció a mucha gente.
Ya se han ido tres cuartas partes de la población, abarcando a los que se fueron con Cata y los que agarraron rumbo propio. Se espera que en la tarde se vaya casi todo el resto. Los que queden serán mandados a la punta del Tanque, para ser vigilados por los de arriba y por los buscadores.
Por lo pronto, he mandado que en cuanto anochezca se cierre la entrada del túnel; y sé que algún día en Ciudad del Carmen, se derrumbaran los muros que mantienen obstruida la salida. Cuando eso pase, reconoceré a la loca de mi madre guiando a una multitud de cadáveres.
Mañana el Tanque empezará a prosperar, los ingenieros vendrán a derribar las horribles casuchas, venderé los terrenos; y ahora sí no me haré el desaparecido, me iré de aquí.
Dejaré de ser un olvido y seré la sombra que no dejará en paz, a aquellos que por confiados se refugiaron en la esperanza de la huída, sin siquiera haber luchado por su libertad.
Hace unos cuantos días, vinieron ingenieros dizque a la obra de la autopista; estuvieron viendo como minar tanto cerro, averiguaron que el trayecto del túnel por fuera es de aproximadamente un día, pero no pudieron entrar porque se inunda la entrada en esta época. Suerte de ingenuos, que el túnel los rechazara, porque ellos no saben que quienes se han aventurado nunca han regresado.
En eso quedó el trabajo de estos hombres, porque al parecer no van a regresar. Según el informe, este lugar es zona no apropiada, eso ni quien lo niegue. Aunque corren rumores de que esa decisión se debe a alguien.
De ese alguien es de quien busco hablar, porque irónicamente el cerro que defendió se le vino encima. Al parecer se lo tragó la oscuridad del túnel; después de verse obligado a tomar refugio en ese agujero. Los vecinos dijeron que la banda de los de arriba lo persiguieron por cuadras y más cuadras, pero nadie sabe de cierto, si en verdad se ocultó en tal hoyo.
A la mañana siguiente del suceso, no se le encontraba por ninguna parte y se empezaron a hacer especulaciones e ideas vagas del destino de este hombre. Mientras tanto, la Señora Cata, quien dice ser la madre de aquel hombre, aprovechando el momento, se dispuso a pedir limosna con el pretexto de ser una mujer desamparada en busca de su único hijo.
Los amigos del desaparecido, fueron en busca de los de arriba, para aclarar el asunto; estos gandallas dijeron que no sabían nada. Por otro lado, los vecinos que habían asegurado verlos persiguiendo al tipo, de repente negaron haberlo dicho.
En realidad, la búsqueda no se debía al apego entre cuates, sino al hecho de que les debía una buena lana. Por esto, todos los que tenían cuentas pendientes con aquel hombre, se organizaron, porque ya tenían la idea de que el muy aprovechado andaba huyendo por alguna mala racha.
Pasaron un par de días y el asunto no se aclaraba; los fiadores del desaparecido, ya habían entrado a la casa de la señora Cata a buscarlo, y habían amenazado de muerte a quienes se atrevieran a esconderlo. Pero nada en absoluto pasaba. Como quien dice: sí se lo había tragado la tierra.
Se corrían diversos chismes. Uno se basaba en que los de arriba lo destajaron cuando salió del túnel, el otro decía que como andaba inundada la entrada posiblemente se ahogó. Los más sensatos aseguran que ahora vive en Ciudad del Carmen, después de su jornada a través de la profundidad del túnel.
Los buscadores, como ahora se les llamaba a los fiadores del tipo, empezaron a atemorizar a la gente; si se te comprobaba alguna relación con el deudor, se metían en tu casa y escarbaban hasta destrozarla.
Conforme pasaban los días, la situación se agravó, el Tanque pasó de ser un basurero casi incomunicado, a un lugar sitiado por bandas de pirañas; por un lado estaban los buscadores, y por otro los de arriba.
El conflicto inicial se les fue de las manos, ya nadie se acordaba del hombre que entró en el túnel, y mucho menos de sus deudas. Los jefes de las bandas, mandaron a sus compinches a tomar lista a los que vivían en sus respectivas cuadras, esto con la intención de saber quienes los apoyaban.
Los buscadores ya no irrumpían en las casas, pero a cambio exigían una cuota de protección, la cual te permitía el libre tránsito por determinadas cuadras. En tanto, los de arriba se dedicaban a saquear tanto a desconocidos como a conocidos; con la excusa de que con ello garantizaban la seguridad de su zona.
A dos semanas de lo acontecido; el mercado, el cual provocaba congestionamiento, dejó en su lugar una calle empinada que al parecer no es tan angosta. Por si esto no fuera poco; las pipas de agua, los camiones del gas y de la basura, ya no entrarían más a nuestras calles.
Ahora el Tanque tiene el potencial de convertirse en un lugar abandonado; es más, la gente ya se las está ingeniando para irse. Finalmente, sólo hay de dos: o te vas a Loma Linda, donde igual y no encuentres oportunidades; o a Ciudad del Carmen, atravesando el misterioso túnel.
La señora Cata, con la insignia de libertadora, profeta, o yo no sé que diablos; salió está mañana, guiando a las masas a través del túnel. Para mi, esa viejita se volvió más loca que una cabra, pero lo absurdo es que convenció a mucha gente.
Ya se han ido tres cuartas partes de la población, abarcando a los que se fueron con Cata y los que agarraron rumbo propio. Se espera que en la tarde se vaya casi todo el resto. Los que queden serán mandados a la punta del Tanque, para ser vigilados por los de arriba y por los buscadores.
Por lo pronto, he mandado que en cuanto anochezca se cierre la entrada del túnel; y sé que algún día en Ciudad del Carmen, se derrumbaran los muros que mantienen obstruida la salida. Cuando eso pase, reconoceré a la loca de mi madre guiando a una multitud de cadáveres.
Mañana el Tanque empezará a prosperar, los ingenieros vendrán a derribar las horribles casuchas, venderé los terrenos; y ahora sí no me haré el desaparecido, me iré de aquí.
Dejaré de ser un olvido y seré la sombra que no dejará en paz, a aquellos que por confiados se refugiaron en la esperanza de la huída, sin siquiera haber luchado por su libertad.
0 comentarios